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Diagnóstico; Objetivos y criterios de la ordenación

DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA ISLA; PREVISIONES DE EVOLUCIÓN

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Un modelo económico y territorial muy consolidado
De los datos expuestos anteriormente hay algunos que resultan especialmente significativos a la hora de establecer un diagnóstico globalizado del estado de la isla. Dichos datos se reiteran a continuación en la medida en que permiten poner de relieve las características del modelo territorial de la isla. A 31 de diciembre de 2000, la oferta turística alojativa de Tenerife se cifraba en torno a las 170.000 plazas lo que permitió alojar un total de visitantes situado en torno a los 4.726.000, con unas 41.000.000 de pernoctaciones, casi tres veces la de 1985 en número de turistas (1.653.000) y más del doble en número de pernoctaciones (18.300.000). Estas cifras configuran a la isla como un destino turístico de relieve a nivel mundial y revelan la potente dinámica de crecimientos del sector en la isla. Como ya se ha mencionado la estructura económica de la isla está basada de modo casi exclusivo en el sector turístico; el turismo es, directa e indirectamente, no sólo el sector predominante, sino el responsable exclusivo del mantenimiento de la actual estructura productiva y consiguientemente de los parámetros básicos de la vida material de la población (empleo, consumo, nivel de vida, etc). Pero es que, además, cualesquiera trabajos recientes de planificación económica (entre ellos debe citarse el Plan Estratégico de Tenerife) concluyen que no hay a la vista otra alternativa de desarrollo económico que no pase por el mantenimiento y consolidación del turismo. Por tanto podemos concluir que el actual modelo económico va a seguir vigente en tanto las condiciones del mercado lo permitan.

Por otra parte, la evolución demográfica y socioeconómica de Canarias durante los últimos 150 años ha estado caracterizada, por una parte, por un incremento tremendamente acelerado y constante de la población, por otra, por una evolución socioeconómica dependiente de factores externos, con bases un tanto inestables y grandes déficits estructurales. La población del archipiélago se multiplica por siete en el periodo 1.857-1.989, con una tasa de crecimiento medio anual acumulado del 1,51%; este crecimiento es muy estable, salvo en los periodos de crisis productivas -como la crisis de la cochinilla 1.878-87 o la provocada por la primera guerra mundial- o en periodos de gran euforia económica -1.900-10 y 1.980-89-.

También se ha mencionado como este espectacular crecimiento sobre un territorio limitado ha llevado a Tenerife a alcanzar una densidad de población de 337 hab/km2, casi 5 veces superior a la densidad media de la España peninsular y superior a la de Baleares (164 hab/km2), Cataluña (193), o el País Vasco (290). La disminución en el crecimiento vegetativo de la población ha sido compensado en los últimos tiempos con un espectacular incremento de los procesos de inmigración, que han mantenido el incremento poblacional de la última década. Este proceso se mantendrá previsiblemente en tanto se mantenga el actual proceso de crecimiento económico vinculado a la expansión del negocio turístico, por lo que no cabe esperar grandes cambios en las dinámicas actuales.

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Finalmente reiterar que toda la variedad ambiental y de recursos de la isla se concentra en una superficie muy reducida, 2.033 km2,árida, y de elevadísima pendiente, su máxima altura se sitúa en 3.718 m. La enorme riqueza paisajística y ecológica de la isla y la necesidad de preservar aquellos espacios de mayor valor como atractivos turísticos y creadores de recursos han llevado a la protección de un 48 % del territorio, en 32 espacios naturales. Los territorios protegidos abarcan fundamentalmente áreas poco usadas del interior insular o excesivamente abruptas para ser explotadas, donde han pervivido los ecosistemas primigenios más o menos alterados y existe un escaso nivel de presión antrópica. Paralelamente se ha asistido a una grave crisis de la agricultura de medianías, que ha desembocado en el abandono de enormes superficies de terreno en los que se producen graves procesos de erosión y degradación de los recursos naturales y, muy especialmente, del suelo.

Podemos hablar, por otra parte, de un proceso de concentración de la actividad en las áreas costeras y en las medianías bajas, con un enorme incremento en la intensidad y extensión de los procesos de transformación del territorio, y de un notable proceso de abandono de las medianías altas y de las cumbres.

La densidad de los usos de carácter urbano en el sector costero de la isla ha llevado a la consolidación de un modelo de accesibilidad extraordinariamente completo e incluso redundante, que responde a la dispersa estructura de asentamientos urbanos; sobre este modelo, en líneas generales suficiente en cuanto a cantidad de vías, sólo cabe actuar con medidas de mejora para optimizar los actuales niveles de servicio en las zonas peor servidas y satisfacer las necesidades creadas por las modificaciones en el modelo territorial previstas.

Nos encontramos por tanto ante un modelo extraordinariamente consolidado y con pocas expectativas de cambio a corto plazo, sobre el que sólo cabe actuar a través de la limitación de las disfuncionalidades que introduce la confluencia de un número tan enorme de actividades e intervenciones en un medio tan limitado.